Poet's Abbey (Blog de lecturas)


El laberinto de la soledad

 
En Canadá y en los EEUU encuentro un continuo baile de máscaras. Vancouver y Denver son parte ya de mi vida, y me llevan a hacer un juicio de esta realidad, que no es mejor, a pesar de su falsedad y conformismo, de la danza picaresca que hay en España, "país de charanga y pandereta", como bien definió el poeta Machado.  

Desde la mirada crítica del emigrante, Octavio Paz señalaba la "aparente alegría y aparente conformidad" que define la seguridad y confianza de los norteamericanos. Muchas sonrisas son falsas, forzadas, de papel. Hay una cierta alegría falsa, pura apariencia, en un mundo de conformistas que "no desean tanto conocer la realidad como utilizarla". Pierden, así, el sentido de la contemplación, según el escritor mexicano.

El hombre actual vive perdido en el laberinto de la soledad. No sabe a dónde va, ni de dónde viene. El hombre no está en la historia, es historia. Es nostalgia y búsqueda de comunión. ¿Qué futuro le espera, pues, si está solo y perdido?



El hombre no es solamente fruto de la historia y de las fuerzas que la mueven, como se pretende ahora; tampoco la historia es el resultado de la sola voluntad humana -presunción que se funda, implícitamente, el sistema de vida norteamericano. El hombre, me parece, no está en la historia: es historia. 
(p. 21)

La soledad es el fondo último de la condición humana. El hombre es el único ser que se siente solo y el único que es búsqueda de otro. [...] El hombre es nostalgia y búsqueda de comunión. 
(p. 150) 


Octavio Paz, El laberinto de la soledad, 1950

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