Poet's Abbey (Blog de lecturas)


El mercader de Venecia

 
El filósofo romano Cicerón decía que "no hay nada más absurdo que creer que todas las leyes e instituciones son justas", y que "es propio de cualquier hombre equivocarse, pero de ninguno, a no ser del necio, perseverar en el error".

Cuando el despreciable Sexto Tarquino violó a la esposa de su primo, Lucrecia, no había en el derecho romano ninguna ley acerca del estupro; pero el pueblo entero se reveló contra el hijo del último rey de Roma

Hay una ley fundada en la naturaleza. Las leyes escritas son poderosas porque son transcripción al papel de un deber que ya está inscrito en la naturaleza.
 
El poeta de poetas escribió unos versos maravillosos sobre el deber moral, como voz de la naturaleza. El prestamista judío Shylock, en este fragmento de Shakespeare, reclama igualdad ante la ley veneciana y acude a la naturaleza como instancia superior de apelación:


¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no está nutrido con los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos remedios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos?
 Shakespeare, El mercader de Venecia, 1596

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