Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Ética a Nicómaco

Los inútiles libros de autoayuda ocupan puestos de honor en librerías, por desgracia no sólo de los bosques. El número de tarados es tan grande hoy en día que no me extraña que promuevan la inteligencia emocional a lo new age como algo innovador (sic) y que se vendan como churros librillos de chica y nabo.
 
Pero, "¿cómo saber lo que nos conviene sin saber quiénes somos"?, se preguntaba Platón entorno el mito del carro alado. Parece que el hombre (post)moderno no sabe quién es ni le importa.


En la Ética a Nicómaco, Aristóteles define los hombres como "arqueros que buscan el blanco de sus vidas". La tarea educativa se basa en introducir a la realidad del mundo a través de la areté o virtud, del estudio de la tradición y la cultura, y del desarrollo del pensamiento crítico y creativo.

Los libros VIII y IX de la Ética a Nicómaco están dedicados a la amistad. Siguiendo a su maestro Platón, en un país bien gobernado los ciudadanos eran amigos y apenas había espacio para la discordia. Aristóteles afirma que la amistad "es una cosa necesaria para la vida" porque somos animales sociales. La philia (amor intelectual) une a los humanos en una benevolencia recíproca. En este sentido, la amistad llega a superar a la justicia, pues "cuando se es amigo no hace falta justicia, mientras que siendo justos hace falta la amistad". Por eso, la amistad y la discordia son incompatibles tanto en la vida política cuanto en la relación personal. 

Aristóteles dice que el amigo auténtico es "otro yo de mí mismo" porque el amigo de verdad nos mejora y nos hace crecer. La amistad auténtica implica dos personas que caminan juntas en la misma dirección, se ayudan desinteresadamente y se quieren por ser como son.


Cualquiera puede ponerse furioso, pero estarlo con la persona correcta, con la intensidad correcta, por el motivo correcto, y de la forma correcta... eso no es tan fácil.

Aristóteles, Ética a Nicómaco, IV a.C.

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