Poet's Abbey (Blog de lecturas)


El prisionero de Zenda


El castillo de Zenda, sobre una colina y rodeado de bosques, esconde un prisionero que es el verdadero rey de Ruritania. Rudolf, un inglés que se parece mucho al rey, se hace pasar por él para salvarle de los malvados que quieren usurpar el trono. Y se enamora de la bella princesa Flavia. 

Pero es un amor imposible: "había alguien (...) que, si vivía, me separaría de ella, y por cuya vida estaba dispuesto a arriesgar la mía". 

¿Qué le lleva a renunciar a ese bien que es el amor de una mujer, por otro bien más grande?


...me elevo en espíritu hasta donde se encuentra, y entonces puedo dar gracias a Dios por amar a la dama más noble del mundo, la más bella y bondadosa, porque mi amor no haya sido causa de que faltara a su sublime deber.

¿Volveré a ver su rostro alguna vez, su pálido rostro y espléndido cabello? Eso no lo sé; el destino me lo oculta y mi corazón no lo presiente. No lo sé. En este mundo, quizá (posiblemente) no. Y, ¿puede ser que en algún lugar, de un modo inasequible para nuestras mentes humanas, ella y yo volvamos a estar juntos, sin que nada se interponga entre nosotros, nada que prohíba nuestro amor? Eso no lo sé, y tampoco lo saben mentes más preclaras que la mía. Pero si nunca puedo volver a sostener una dulce conversación con ella, o mirar su rostro, o saber de su amor por ella misma, entonces, a este lado de la tumba, viviré como corresponde al hombre a quien ella ama, y al otro, rogaré por un descanso sin sueños. 


Anthony Hope, El prisionero de Zenda, 1894

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