Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Ensayos

La obra cumbre del pensamiento humanista francés son los ensayos de Montaigne. Su filosofía parece cerrar la etapa renacentista y anticipar el desengaño barroco y el racionalismo ilustrado.

El genial escritor explica que su libro nace de un propósito humilde y honesto: permitir que sus familiares y amigos le conozcan mejor. No busca el favor del mundo, sino dejar un recuerdo fiel de su persona. No pretende ocultar sus defectos: "Así, lector, soy yo mismo la materia de mi libro; no es razonable que emplees tu tiempo en un asunto tan frívolo y tan vano". 

Pero este asunto "frívolo y vano" sigue despertando interés cuatro siglos más tarde, pues nos habla de aquello que nos hace humanos. Escribir sobre uno mismo es escribir sobre todos, pues al reflexionar sobre nuestras vivencias, creamos una referencia que sirve al otro para pensar sobre su vida.

En sus ensayos destaca que la virtud consiste en hacer bien las cosas pequeñas, que el peor desierto es vivir sin amigos, que la violencia nunca es buena pedagogía, que el valor de la vida no está en su duración, sino en el uso que hacemos de ella. Por ejemplo, en "De la instrucción de los hijos" afirma:


La premeditación de la muerte es premeditación de la libertad. Quien ha aprendido a morir se ha hecho inmune a la servidumbre. 

La ganancia de nuestro estudio será habernos hecho mejores y más sabios.

Saber de memoria no es saber: es tener depositado en la memoria lo que se nos ha dado. De lo que se sabe cabalmente se dispone, sin volver al patrón ni volver los ojos al libro.


El ensayo "La costumbre y el no cambiar fácilmente una ley aceptada" ayuda a entender por qué personas razonables piensan de modo opuesto a nivel político o religioso. Conviene desconfiar de quien dice: "esto es antinatural". Porque cuando afirmamos que algo es "antinatural" hacemos decir a la naturaleza lo que nosotros, por costumbre, creemos que es natural. 


Las leyes de la conciencia, que decimos nacer de la naturaleza, nacen de la costumbre. Dado que cada cual venera en su interior las opiniones y las conductas que se aprueban y se admiten a su alrededor, no puede desprenderse de ellas sin remordimiento, ni aplicarse a ellas sin aplauso (...). Los pueblos criados en la libertad y acostumbrados a mandarse a sí mismos consideran monstruosa y contranatural cualquier otra forma de gobierno. Los que están habituados a la monarquía hacen lo mismo.




Montaigne, Ensayos, 1580

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