Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Ética para Amador

La moral es el juicio de los demás. Es un conjunto de normas que la comunidad acepta como válidas para vivir. 
La ética, en cambio, es aquello que uno mismo construye. Es la reflexión sobre por qué consideramos válido para vivir bien. La ética, pues, no es un conjunto de normas ni un recetario de lo que hay que hacer, si no una reflexión sobre cómo se puede vivir mejor. 
Es el arte de elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible. Además, no sirve para zanjar ningún debate, aunque sirve para iniciarlos todos. 
La ética se basa en la libertad, en elegir dentro de unas condiciones impuestas. “Si no me conozco ni a mí mismo ni al mundo en que vivo, mi libertad se estrellará una y otra vez contra lo necesario.” Héctor, en la Ilíada, hace lo mismo que las termitas (defender el hogar hasta la muerte), pero él tiene valor porque es libre, no está programado para eso.
Lo que nos humaniza es la ética, la capacidad de elegir el bien, de ponernos en la piel del otro. “Para que los demás puedan hacerme humano, tengo yo que hacerles humanos a ellos; si para mí todos son como cosas o como bestias, yo no seré mejor que una cosa o una bestia tampoco”. No hay nada más antidemocrático que despreocuparse por el otro.
“Haz lo que quieras” es el único precepto sobre la puerta de la abadía de Theleme que fundó Gargantúa, según la obra de François Rabelais (s. XVI). Eso es la ética bien entendida, hacer lo que uno quiere -que no es lo mismo hacer lo que uno le apatece, dejarse llevar por los instintos o no mirar las consecuencias de los actos (como el Esaú de la Biblia o el Ciudadano Kane, que deciden vivir de espaldas a la muerte, como si todo les diera igual). Significa que hay que tomarse en serio el problema de la libertad. Sartre decía que “estamos condenados a la libertad”. 
La cuestión que queda es cómo enseñar ética (a vivir bien) a otro, si yo sólo acierto a vivir regular y gracias... Vivir no es una ciencia exacta: no hay recetas. La buena vida no es algo general, fabricado en serie, sólo existe a medida de cada uno. 

La ética lo único que puede decirte es que busques y pienses por ti mismo, en libertad sin trampas: responsablemente.
Cada acto libre que hago limita mis posibilidades al elegir y realizar una de ellas. (...) Al elegir lo que quiero hacer voy transformándome poco a poco. Todas mis decisiones dejan huella en mí mismo antes de dejarla en el mundo que me rodea.
"Nada de lo que es humano puede parecerme ajeno”, decía Terencio. Tener conciencia de mi humanidad consiste en darme cuenta de que, a pesar de todas las diferencias, los otros son como yo. 
Fernando Savater, Ética para amador, 1991

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