Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Fahrenheit 451

Hoy he subido al autobús de línea y me ha cautivado ver una chica leyendo, muy concentrada, un libro. ¡Un libro! ¿Qué historia estaría viviendo? 

A veces, en el metro, nos encontramos dos o tres, ¡o incluso cuatro!, disidentes con libros de papel en el mismo vagón. Nos miramos discretamente, y bajamos las miradas a nuestras historias, seguros de nosotros mismos. A veces dan ganas de levantarse y abrazarse con ellos. Somos la resistencia.

"¿Se sabe acaso quién puede ser el blanco de un hombre leído?", pregunta Beatty a su compañero Montag. Un libro, le dice, es "un arma cargada" y debe prohibirse para controlar la sociedad, porque son causa de discordia y sufrimiento.

Lo escalofriante de esta novela de ciencia ficción de Ray Bradbury es que, en 1953, profetizó lo que ocurriría en un mundo esclavizado por los medios, los tranquilizantes y el conformismo. 

Este mundo ya ha llegado. En esta sociedad aborregada de espectáculo y de estupidez permanente, de la dictadura de lo políticamente correcto y del analgésico de las tabletas y teléfonos inteligentes (sic), los libros están censurados por la ideología dominante (por ejemplo, en EEUU se prohibió The great Gatsby por si ofendía a los afroamericanos y a las mujeres). ¿Que exagero? Lean Fahrenheit 451, lean.

Y, para tocar las narices de los neoinquisidores de lo políticamente correcto, vean este vídeo-reseña de la novela: https://www.youtube.com/watch?v=4bKLL2q4Hpk  




-¿A la gente de color no le gusta El negrito Sambo? Quémalo. ¿Los blancos se sienten incómodos con La cabaña del tío Tom? Quémalo. ¿Alguien escribió una obra acerca del tabaco y el cáncer pulmonar? ¿Los fumadores están afligidos? Quema la obra. Serenidad, Montag. Paz, Montag. Fuera los conflictos. Mejor aún, al incinerador. ¿Los funerales son tristes y paganos? Elimina los funerales. A los cinco minutos de morir, el hombre ya está en camino de la Gran Caldera... Diez minutos después de la muerte, el hombre es una motita de polvo oscuro. No aflojemos a los hombres con recuerdos. Que olviden. Quememos, quemémoslo todo. El fuego es brillante y limpio. (p. 63)



Dale a la gente concursos que puedan ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres de las capitales de Estado, o cuánto maíz produjo Iowa el año pasado. Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos "hechos" que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto información. Entonces tendrán la sensación de que piensan... (p. 73)


Ray Bradbury, Fahrenheit 451, 1953


Comentarios