Poet's Abbey (Blog de lecturas)


El sábado de la aldea

Cuando el fin de semana no cumple las expectativas que había despertado, cuando uno se encuentra solo en la "selva oscura" de su habitación, "a mitad del camino de la vida", es preciso reconocer que la vida necesita luz. Porque en la oscuridad del tedio, de la confusión, aún sin quererlo, uno se tropieza, se hace daño y hace daño a los demás. 

"¿Acaso alguien nos ha prometido algo? Entonces, ¿por qué esperamos?", se preguntaba el poeta Pavese. Y otro gran poeta italiano mantenía abierta esa pregunta con unos versos que podían leerse este fin de semana.



A la puesta del sol, la alegre niña
torna de la campiña
con su haz de yerba y el florido ramo
en que lucen al par violeta y rosa,
y que, inocente, apresta
para adornar gozosa
pecho y cabellos al llegar la fiesta.
A par con la vecina
siéntase a hilar en el umbral la anciana
volviendo el rostro al astro que declina,
y se transporta a la estación lejana
cuando, aún fresca doncella,
danzaba al terminarse la semana,
con sus amigas de la edad más bella.
El aire se obscurece,
se matizan de azul los horizontes,
y descienden las sombras de los montes
cuando la luna cándida aparece.
La torre de la villa
la fiesta anuncia, y sus alegres sones
bajan a confortar los corazones.
Sobre la plaza la vivaz cuadrilla
de rapaces gritando
y aquí y allí saltando,               
alza rumor que anima y alboroza;
mientras silbando el labrador regresa
y sentado a su mesa
con el descanso que prevé, se goza.
              
Cuando el silencio con la sombra crece 
y toda luz fenece, 
oigo el martillo que tenaz golpea               
en el taller, do el oficial se afana 
por dejar terminada la tarea               
antes de que despunte la mañana. 

Este es de la semana 
el más hermoso y el postrero día.               
Mañana tornarán fastidio y pena, 
y a la habitual faena 
cada cual volverá como solía.               

¡Jovencillo gracioso! 
Tu dulce edad florida
es como un día de alborozo lleno,
día claro y sereno,
que precede a la fiesta de tu vida.
¡Goza, gózalo pues! Edad de flores,               
suave estación es esta: 
nada más te diré; pero no llores 
si se retarda tu anhelada fiesta.


Giacomo Leopardi, El sábado de la aldea, 1829

Pintura: Monet

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