Poet's Abbey (Blog de lecturas)


La montaña mágica

Palinuro chupó su vieja pipa de marino y miró el Mediterráneo. "Deberías leer La montaña mágica. Maldita sea. Todo el mundo debería leerla", me dijo entre bocanadas de humo. 

Entonces yo no sabía que dos de las mentes más brillantes del siglo XX, Martin Heidegger y Hannah Arendt, solían intercambiar poemas, escuchar música y leer juntos fragmentos de esta gran novela de Thomas Mann.

Ahora, por fin, cierro esta magnífica obra de literatura y filosofía. Miro ahora el mar Mediterráneo y añoro los tiempos de locuras en las lejanas montañas nevadas.

Para Mann, en José y sus hermanos, el hombre es un "ser enigmático que encierra en sí nuestra existencia, bella por naturaleza, pero miserable y dolorosa más allá de la naturaleza".

En La montaña mágica profundiza en la humanidad del joven Hans Castorp en un sanatorio de los Alpes, cuya alma se disputan el racionalista ilustrado Settembrini (defensor de las repúblicas liberales y el Estado de derecho) y el romántico pesimista Naphta (defensor de los sistemas totalitarios). El amor condenado de madame Chauchat pesa en el alma de Hans con suma tristeza.


Nosotros, los humanistas, tenemos aficiones pedagógicas... Señores, el lazo histórico entre el humanismo y la pedagogía explica el lazo psicológico que existe entre ambas. No hay que desposeer a los humanistas de su función de educadores... no se les puede arrebatar, pues son los únicos depositarios de una tradición: la de la dignidad y belleza humana. (p. 67)

La música despierta el tiempo, nos despierta al disfrute más refinado del tiempo... La música despierta... y en este sentido es moral..., ética. El arte es moral en la medida en que despierta. (p. 119)


Me ha gustado mucho más el baile popular de Cataluña, la sardana, acompañada de la tenora. Yo también lo bailé. Todos se dan la mano y se baila en círculo, en la plaza llena de gente. Es encantador, es humano. (p. 541)


Thomas Mann, La montaña mágica, 1924.




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