Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Homero, Ilíada

El canto memorable a la belleza de la guerra, que es la gran Ilíada de Homero, no se puede comprender bajo la mirada ideologizada de lo políticamente correcto (que no soporta aquello que se escapa a sus esquemas raquíticos y a sus etiquetas de feminismo, racismo y belicismo). 

Para leer la Ilíada hay que pensar la guerra como un horror bello, un oxímoron que no soporta ideologías hipersensibles e infantiles como la del triste pianista de Imagine frente la realidad de los atentados de París. Según Simone Weil, el único héroe del poema homérico es la fuerza.

Las hazañas de los guerreros troyanos Héctor, el infame Paris, el viejo rey Príamo, y de los héroes aqueos como Aquiles o Menealo, y de la presencia del eterno femenino encarnado en la bellísima Helena de Argos, en Andrómaca o en Criseida, son hazañas inmortales, porque saben que la fascinación por las armas y los movimientos de guerra sólo se supera con una belleza desarmada, más grande. 

"Construir otra belleza es tal vez el único camino hacia una auténtica paz. Demostrar que somos capaces de iluminar la penumbra de la existencia sin recurrir al fuego de la guerra. Dar un sentido, fuerte, a las cosas, sin tener que llevarlas a la luz, cegadora, de la muerte. Poder cambiar el destino de uno mismo sin tener que apoderarse del otro", dice Baricco en el epílogo de esta edición que hace de la Ilíada

La palabra, en esta obra inmortal, detiene la guerra en una belleza mayor. Porque cuando Aquiles y Héctor hablan no luchan, y nos enseñan que la manera de acabar con la violencia de la guerra es mostrar una belleza desarmada, más cegadora que la suya, de las armas, e infinitamente más apacible.



Para mí nada hay que equivalga a la vida, ni cuanto dicen que poseía antes Ilio, la bien habitada ciudadela, en tiempos de paz, antes de llegar los hijos de los aqueos (...). Se pueden ganar con pillaje bueyes y cebado ganado, se pueden adquirir trípodes y bayas cabezas de caballos; mas la vida humana ni está sujeta al pillaje para que vuelva ni se puede recuperar cuando traspasa el cerco de los dientes.

Alessandro Baricco, Homero, Ilíada, 2005

Comentarios