Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Diario de Etty Hillesum

 


La joven neerlandesa Etty Hillesum, de religión judía, murió en el campo de exterminio de Auschwitz a la edad de 29 años. Escribió, como Anna Frank, un diario sobre su experiencia brutal como prisionera deportada desde los Países Bajos. 

Ella cree que a pesar de todos los horrores, "la vida es bella, tiene valor y está llena de sentido". En una afirmación indefectible de la vida como don, acepta la realidad y descubre la humanidad que hay en cada persona, a pesar de las circunstancias. Todo le remite a Dios en el sentido agustiniano del corazón inquieto, abierto al misterio.

Etty tenía, como Anna, una rica vida espiritual con exigencias morales y una gran sensibilidad para lo bueno, lo verdadero y lo bello (los viejos ideales). Por ejemplo, contempla un desfile del ejército nazi y piensa que "el mundo creado por Dios, a pesar de todo, es hermoso". Confiesa que no podría vivir si solo fuéramos polvo de estrellas y el mundo fuera solo azar.

Toda circunstancia es susceptible de portar esa novedad que Dios ha introducido en el mundo. Porque la vida es bella, a pesar de todos los horrores. El mal nunca tiene la última palabra.

En vísperas de ser deportada a Auschwitz, Etty escribió que Dios necesita nuestra ayuda. Dios no es un rey déspota que lo puede todo, sino un padre que no puede resolver todos los problemas. 


Un pozo muy profundo hay dentro de mí. Y Dios está en ese pozo. A veces me sucede alcanzarle, más a menudo piedra y arena le cubren: entonces Dios está sepultado. Es necesario que lo vuelva a desenterrar.


No me asusto fácilmente. No porque sea valiente, sino porque sé que trato con seres humanos y debo esforzarme en comprender sus acciones. Lo que realmente importa en lo que pasó esta mañana no es que un joven oficial de la Gestapo, exasperado, me haya increpado a gritos, sino que yo no me haya enfadado y que, por el contrario, me hayan entrado ganas de preguntarle: "¿Fuiste infeliz cuando eras niño? ¿Tu novia te decepcionó?". Sí, el joven tenía un aire atormentado, de víctima, estaba triste, parecía sentirse débil. Habría querido empezar a ayudarlo en el mismo momento porque sé que cuando los jóvenes se sienten desgraciados se convierten en un peligro para los demás.


Tal vez cada existencia tenga su propio sentido y se necesite una vida entera para encontrarlo.


La vida me parece bonita y me siento libre. El cielo se extiende ampliamente tanto dentro de mí como sobre mí. Creo en Dios y creo en la gente y me atrevo a decirlo sin ninguna vergüenza.


Dios no nos debe ninguna explicación, pero nosotros sí se la debemos. 


Etty Hillesum, Diario, 1943


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