
La primera mujer que defendió una tesis de Filosofía en Alemania era una sabia carmelita, de origen judío, que murió asesinada en el campo de exterminio de Auschwitz.
Edith Stein era una mujer muy inteligente y de gran corazón, que, según ella, encontró la verdad en El libro de la vida de Santa Teresa de Jesús. Allí descubre una síntesis decisiva entre razón y experiencia: la verdad no se limita a ser descrita conceptualmente, sino que se vive y se encarna. La experiencia interior, que la fenomenología ya había rehabilitado como fuente legítima de conocimiento, aparece en Santa Teresa orientada de modo radical hacia lo absoluto, pues muestra una subjetividad abierta a la trascendencia. Así, Edith Stein comprende que la verdad no es solo un objeto del conocimiento racional, sino una realidad personal que se encuentra y transforma la existencia.
Para la filósofa alemana, la empatía no es solo una experiencia intersubjetiva, sino sobre todo un acto trascendente, que tiene su condición de posibilidad en el espíritu de cada sujeto. O dicho de otro modo, no se trata de «cumplir» con el sentimiento del otro, sino de vivenciar plenamente la experiencia del otro como procedente de la estructura total de la persona.
El mundo en el que vivo no es sólo un mundo de cuerpos físicos, además de mí también hay en él sujetos con vivencias, y yo sé de ese vivenciar. (p. 21)
Edith Stein, Sobre el problema de la empatía, 1917
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