Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Los errantes


Desde los primeros recuerdos de la infancia hasta la sonrisa de las azafatas, que encierran una promesa de volver a nacer, Olga Tokarczuk describe con maestría un mosaico no de sus viajes, sino de la experiencia misma de viajar. 

Para la autora polaca, gran observadora, escribir es salvarse de la experiencia fugaz, de lo vivido y sentido. Su fascinación por un mundo inagotable de personas y paisajes se concentra en un libro híbrido de géneros. 

Los errantes somos todos los que tenemos esa necesidad de traspasar fronteras para conocernos mejor a nosotros mismos, incapaces de echar raíces en tierra yerma.


He aprendido a escribir en trenes, hoteles y salas de espera. En las mesitas abatibles de los aviones. Tomo apuntes durante las comidas, bajo la mesa o en el lavabo. Escribo en las escaleras de los museos, en los cafés, en el coche aparcado en un arcén. Lo apunto todo en retazos de papel, en blocs de notas, en tarjetas postales, en la palma de la mano, en servilletas, en los márgenes de los libros. (p. 23)

Las guías de viaje han causado un daño enorme; han sido una invasión, una epidemia. (...) debilitaron los lugares, les clavaron alfileres, les pusieron nombre y borraron sus contornos. (p. 71)

Las azafatas, bellas como ángeles, comprueban nuestra idoneidad para el viaje y con un suave movimiento de la mano nos permiten adentrarnos en la mullida curvatura, forrada de maqueta, del túnel que nos conducirá a bordo del avión y, más tarde, rumbo a otros mundos a través del frío camino aéreo. Su sonrisa encierra, o eso nos parece, una promesa de que quizá volvamos a nacer y esta vez en el momento y lugar adecuados. (p. 385)


Olga Tokarczuk, Los errantes, 2007

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