Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Soliloquios

 


Educar es introducir en lo real con una razón abierta, esto es, desde el asombro. Primero hay que saber las cosas, y luego pensarlas.

Saber algo precede al hecho de pensar algo, pues "yo investigo para saber algo, no para pensarlo", como dice este filósofo en sus soliloquios (I, III, 8). 

Un gigante del pensamiento como Agustín de Hipona medita, en estos soliloquios, entorno el alma y la razón. El autor se enamoró de la filosofía gracias a la lectura del Hortensio, un diálogo perdido de Cicerón.

La obra se inicia con una plegaria maravillosa. En el primer libro, se encamina hacia el deseo de conocer a Dios y hace una enumeración de todas las condiciones que posibilitan ese conocimiento limitado y del desvelamiento de la sed de verdad. 

En el segundo libro trata el tema filosófico de la inmortalidad del alma. Se abre paso a la búsqueda de la verdad sobre este tema fundamental desde los pitagóricos paganos hasta los pensadores cristianos que han encontrado la luz de la verdad.

En "Acerca de la vida feliz", arranca de la sed de felicidad del hombre al encontrar no una verdad, sino la verdad. El sabio es plenamente feliz. Pero la felicidad está en tener a Dios, fuente de toda sabiduría, pues "no hay verdadera felicidad sino en el perfecto conocimiento de Dios". 


...sana mis oídos para oír tu voz; sana y abre mis ojos para ver tus signos; destierra de mí toda ignorancia para que te reconozca a Ti.

No es lo mismo tener ojos que mirar, ni mirar que ver.

...nada hay verdadero sin la verdad.


Agustín de Hipona, Soliloquios, s. V

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