Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Yo, Claudio

 



¿Puede un hombre despreciado y humillado por todos convertirse en un gran líder? Esa es, quizá, la pregunta que recorre Yo, Claudio, una de las novelas históricas más celebradas del siglo XX, escrita por Robert Graves. El escritor británico construyó su relato apoyándose en las fuentes clásicas de Tácito, Suetonio y Plutarco, y logró una obra que combina rigor histórico, ironía y una extraordinaria fuerza narrativa.

La novela reconstruye la historia de los primeros emperadores de RomaOctavio Augusto, y su relación con la astuta Livia; Tiberio, dominado por la soberbia y el resentimiento; y Calígula, encarnación de la locura del poder— desde un punto de vista original: el de Claudio, el cuarto emperador, que accede al trono casi por accidente tras el asesinato de su sobrino Calígula. Cuando los conspiradores exterminan a la familia imperial, perdonan la vida a Claudio convencidos de que aquel hombre tartamudo, cojo, poco agraciado y de ideas republicanas no representa amenaza alguna, sino un inofensivo idiota.

Hijo de Druso y nieto de Livia, Claudio fue despreciado incluso por su propia madre, Antonia, y relegado a una existencia marginal. Ese aislamiento, sin embargo, le permitió dedicarse al estudio de la historia, disciplina que marcaría su forma de gobernar. La ironía del destino quiso que aquel hombre al que nadie tomaba en serio acabara convirtiéndose en uno de los emperadores más eficaces y razonables de Roma.

En el año 43 d. C., Claudio desembarcó en Britania al frente de cuatro legiones, comandadas por el general Aulo Plaucio, y logró una victoria decisiva sobre los pueblos autóctonos. El éxito de la campaña le valió un regreso triunfal a Roma y el nombre de Británico para su hijo, en recuerdo de la conquista.

Mientras tanto, en la capital, su esposa Mesalina protagonizaba escándalos que han pasado a la leyenda. Las fuentes la describen como una mujer de apetitos sexuales desmedidos, capaz incluso de competir con las prostitutas de la ciudad para ver quién atendía a más hombres en una sola noche —y vencer—, prueba de que, en Roma, pocas extravagancias eran realmente nuevas. A su regreso, Claudio, traicionado y humillado, ordenó su ejecución.

Con Yo, Claudio, Robert Graves no solo narra una historia de intrigas, traiciones y excesos, sino que ofrece una reflexión mordaz sobre el poder, la inteligencia subestimada y la fragilidad de la gloria, demostrando que, a veces, los hombres a los que nadie escucha son quienes mejor entienden la historia.


-...¿Quieres vivir una larga vida de trabajo, con honores al final de la misma?

-Sí.

-Entonces exagera tu cojera, tartamudea deliberadamente, finge frecuentes enfermedades, deja que tu juicio parezca errático, bambolea la cabeza y tuércete las manos en todas las ocasiones públicas y semi públicas. Si pudieras entender tanto como yo entiendo, sabrías que ésa es tu única esperanza de seguridad y de gloria eventual.


Robert Graves, Yo, Claudio, 1934

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