Esta gran novela de ciencia ficción del antropólogo y escritor catalán Albert Sánchez Piñol no deja indiferente. Narra la historia de un joven que llega a un remoto islote rocoso para desempeñar una labor meteorológica rutinaria. Allí solo encuentra al huraño farero Batís Caffó, pero pronto descubre que no están solos. Cada noche, unas inquietantes criaturas anfibias, a medio camino entre lo humano y lo animal, asedian la isla y convierten la supervivencia en una lucha constante.
A diferencia de La isla del doctor Moreau de H. G. Wells, donde la frontera entre humanidad y animalidad todavía conserva cierta nitidez, en esta obra dicha separación acaba por desdibujarse casi por completo. La violencia, el deseo y el instinto se mezclan de tal modo que el asesinato se confunde con la caza y la sexualidad con la zoofilia, en una zona moral cada vez más ambigua y perturbadora.
No es casual que el protagonista abandone progresivamente el término despectivo de "granotots" para referirse a las criaturas y empiece a llamarlas "citaucas" —"acuàtic" escrito al revés—. Del mismo modo, la hembra anfibia que convive con ellos deja de ser un simple animal para recibir un nombre propio: Aneris, "sirena" al revés. Ese cambio de lenguaje marca el inicio de un proceso decisivo: la humanización de las bestias, que en realidad defienden su territorio, y la paralela bestialización de los hombres, convertidos en invasores.
La novela trasciende así el relato de aventuras y terror para convertirse en una reflexión sobre la condición humana. Los límites entre civilización y barbarie terminan borrándose cuando desaparece toda referencia a un orden superior.
En el corazón del hombre moderno, aislado y desarraigado, sin vínculos sólidos ni horizonte trascendente, la razón cede terreno al instinto y la supervivencia. Lo monstruoso deja entonces de ser una cualidad exclusiva de las criaturas de la isla para revelarse como una posibilidad latente en el propio ser humano.
El trànsit entre la humanitat i l'animalitat no influïa en els plaers que ella em donava. Vam fer l'amor, tantes vegades i amb tanta intensitat que veia espurnes grogues. (p. 244)
Albert Sánchez Piñol, La pell freda, 2002

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