El adolescente Pierre Anthon abandona un instituto de Taering convencido de que nada tiene sentido. Desde lo alto de un ciruelo repite a gritos que nada importa, y sus compañeros, perturbados por su nihilismo, deciden demostrarle lo contrario reuniendo objetos que consideren esenciales.
Así comienza la creación de una “montaña de significado”. Pero lo que empieza como un intento ingenuo de refutar a Pierre Anthon se transforma en una espiral de sacrificios cada vez más extremos. Para probar que algo sí vale la pena, acaban renunciando a lo más valioso: desde perder la virginidad por nada hasta profanar el ataúd de un niño en un cementerio o decapitar una perra por nada.
A través de Agnes, la narradora, vemos cómo la presión del grupo y la obsesión por encontrar sentido borran los límites entre lo aceptable y lo monstruoso. La montaña termina siendo un montón macabro: un perro decapitado, un ataúd infantil, un dedo sangrante, una figura de Jesús vandalizada… Un conjunto tan inquietante que acaba saltando a los noticieros, y que desata opiniones enfrentadas e incluso el interés de un museo de Nueva York, que lo ve como arte contemporáneo, que le pone precio en millones de dólares ("todo" puede ser arte, y entonces "nada" puede ser arte).
Con un lenguaje claro y casi inocente, Janne Teller intensifica el contraste entre la voz juvenil y los hechos brutales, capaz de crear un ambiente opresivo donde las convicciones se desmoronan.
La novela no destaca por mostrar cómo un simple desafío se convierte en una dinámica colectiva de violencia y pérdida moral, sino por intentar convencer al lector que nada tiene sentido.
Cabe añadir que la novela ha sido celebrada como lectura obligatoria en institutos de secundaria y también cancelada y censurada. Me parece una obra horrorosa con ánimo de ser polémica. Y eso vende. Pero poco aporta. En mi opinión, es demasiado explícita y moralista en su afán nihilista.
Esto nos permite señalar que los adolescentes no tienen ninguna autoridad que les guíe y acompañe, y que el grupo tampoco forma una auténtica comunidad que acompañe y sostenga. Ellos solo son un reflejo de los adultos irresponsables, cínicos y descreídos de la sociedad desesperanzada, tan líquida, del siglo XXI.
Los días se parecían. Y aunque durante toda la semana esperábamos el fin de semana, éste siempre nos decepcionaba y ya era lunes de nuevo; y todo volvía a empezar; y eso era la vida y nada más.
Jane Teller, Nada, 2000

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