Poet's Abbey (Blog de lecturas)


La fiesta del Chivo


Vargas Llosa reconstruye los últimos días de la infame dictadura de Rafael Trujillo en la República Dominicana (1930-1961) y muestra cómo el poder absoluto puede corromper a las personas. 

La novela alterna tres líneas temporales: la vida del dictador Trujillo en sus últimas horas, la conspiración de quienes planean asesinarlo y el regreso de Urania Cabral a Santo Domingo décadas después de haber abandonado el país.

La trágica historia de Urania Cabral permite comprender las consecuencias reales de la dictadura. Su propio padre, al que detesta, no es solo un antiguo colaborador del régimen, sino un hombre miserable que creó un trauma en su hija, pues ella fue entregada al anciano dictador cuando ella tenía solo catorce años.

Como resultado de aquella violación, Urania decide vivir sin relaciones amorosas, en una forma de celibato que funciona como mecanismo de defensa y como afirmación de control sobre su propio cuerpo.

Se podría establecer un paralelismo con Marcela, la pastora de aquel episodio de Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. Marcela también defiende su derecho a no tener relaciones, pues la belleza no obliga a corresponder a los pretendientes. Sin embargo, el tratamiento de este celibato es distinto en cada obra. En Cervantes, el discurso de Marcela aparece dentro de un contexto pastoril con un componente satírico: se cuestionan los ideales amorosos exagerados de la literatura de su época y se critica la tendencia masculina a responsabilizar a la mujer de los fracasos amorosos. Marcela se convierte así en una figura que desmonta los tópicos del amor cortés y del sufrimiento romántico.

En cambio, en La fiesta del Chivo, el celibato de Urania tiene un tono más político. Vargas Llosa lo presenta como el resultado de una experiencia traumática provocada por el abuso de poder. La decisión de Urania refleja una conciencia profunda de lo ocurrido y funciona como una forma de resistencia frente al sistema patriarcal que permitió la violencia, para así criticar cómo la dictadura invade incluso la esfera más íntima de la vida de las personas.

En conclusión, La fiesta del Chivo no solo es una denuncia del poder dictatorial, sino también una reflexión sobre la memoria y la identidad. 


-Él tenía setenta y yo catorce -precisa Urania, por quinta o décima vez- Lucíamos una pareja muy dispar, subiendo esa escalera con pasamanos de metal y barotes de madera. De las manos, como novios. El abuelo y la nieta, rumbo a la cámara nupcial.


Mario Vargas LlosaLa fiesta del Chivo, 2000

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