Leí Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán, una de las obras más representativas del naturalismo español, cuando era adolescente. Ahora vuelvo a hacerlo y me ha parecido muy interesante.
La obra narra la llegada del joven e idealista sacerdote Julián al pazo del marqués don Pedro Moscoso. En este contexto, se enfrenta a un ambiente caracterizado por la violencia, la decadencia moral y el caciquismo.
La escritora coruñesa crea un mundo en el que el entorno condiciona profundamente a los personajes. El pazo aparece como un espacio degradado que refleja la caída de la nobleza rural.
Primitivo o Sabel encarnan la corrupción y el dominio de los instintos. Julián se yergue frente a ellos como símbolo de la fragilidad de la moral y la civilización en un ambiente hostil.
La autora no solo denuncia el caciquismo y el atraso, sino que también muestra cómo el medio influye en el comportamiento humano, siguiendo los principios del naturalismo. El contraste entre ciudad y campo, cultura y barbarie, atraviesa toda la novela.
En definitiva, esta novela del siglo XIX es muy recomendable para el lector actual por su mirada lúcida y crítica sobre la sociedad, el poder y la condición humana.
Las horas pasaban y pasaban, y no se oían más ruidos que el viento de la noche al gemir en los castaños, y el hondo sollozo del agua en la represa del cercano molino.
Emilia Pardo Bazán, Los pazos de Ulloa, 1886

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