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Uno de los cambios más decisivos que experimenta el sujeto posmoderno es la pérdida de su capacidad para narrarse: cada vez le cuesta más explicarse y dar forma coherente a su propia experiencia. Este fenómeno, generalizado, se acentúa especialmente en quienes han crecido dentro de la cultura digital.
Entre la filosofía y el psicoanálisis, Lola López Mondéjar traza en Sin relato un mapa de este empobrecimiento narrativo, ligado no solo a la dificultad de expresar el pensamiento, sino a una merma del propio pensamiento y de la imaginación.
En un entorno dominado por el exceso de estímulos, el individuo deriva hacia un yo debilitado, disperso y con escasa autoconciencia. "El aumento exponencial del número de personas que acuden a cursos de mindfulness, relajación o yoga, o a retiros de cualquier tipo, con la promesa de encontrarse mejor, apunta a un síntoma de esta ausencia de capacidad narrativa que mutila también la reflexividad y deja al individuo impotente frente a un malestar al que la sociedad de consumo ofrece mil posibilidades de solución, aunque pocas o ninguna de ellas pase por explorar el origen de esta mutilación" (p. 18).
Estamos mutilados por dentro. Un ejemplo es el Ecce homo de Cecilia Giménez, "una querida obra maestra del surrealismo involuntario" (Ben Davis, 2010), que se hizo viral por el intento de la mujer sin talento en restaurar una pintura de la iglesia de Borja:
"La intención es lo que cuenta". Un excelente eslogan de la cultura de la improvisación, del rechazo de la autoridad estética y del esfuerzo, del humor descreído que impera en el mundo virtual. Un mundo invertebrado que convierte en omnipotencia incliso los errores más burdos. (p. 169).
Si no logramos traducir la experiencia en palabras, esta se vacía, se uniformiza y nos convierte en sujetos afectivamente analfabetos, acríticos e individualistas. De ahí surge la pregunta central del ensayo: si hemos perdido la capacidad de contarnos, ¿estamos también perdiendo algo esencial de lo humano?
Los adolescentes que llegan a nuestras consultas con los brazos "tatuados" de autolesiones no saben cuál es la causa de su malestar, confiesan que quieren morirse pero desconocen por qué lo desean, sufren de una atrofia de su capacidad narrativa que es síntoma de la producción del tipo de individualidad sin sujeto que genera el sistema neoliberal actual en el que se socializan. (p. 89)
Las condiciones de existencia que propone el capitalismo de la atención: incertidumbre sobre el futuro, precaridad de los lazos laborales y sociales, y la omnipresencia en nuestra vida de las redes sociales; todo ello, con la exigencia implícita y explícita de alcanzar la felicidad, produce una forma particular de individualidad, una mutación antropolótica. (p. 165)
Lola López, Sin relato, 2024

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