Casandra es la profetisa troyana a quien nadie creyó. Ella, visionaria, anunció la caída de Troya, pero no le hicieron caso porque padecía la maldición de no ser jamás escuchada.
En esta obra literaria, la autora se pone en la piel de Casandra y elabora un monólogo interior, una voz que recorre su propia vida en el momento antes de morir. La caída de Troya no es el centro del relato, sino el fondo sobre el que se examina el alma de una mujer inteligente y lúcida, pero condenada al silencio.
Casandra habla con claridad sobre el poder, la guerra, la traición y el precio de ver la verdad cuando nadie quiere escucharla.
La autora alemana Christa Wolf escribe con una prosa contenida y precisa, y esa contención es lo que hace que ciertos momentos golpeen con una fuerza inesperada. Su posición peculiar fue vivir en la Alemania del Este sin alinearse ni con el régimen ni con la disidencia.
No veía nada. Abrumada por el don de la profecía, era ciega. Sólo veía lo que tenia delante, prácticamente nada.
Como hormigas entramos en todos los fuegos. En todas las aguas. En todas las corrientes de sangre. Sólo para tener que ver. ¿El qué? A nosotros mismos.
Lo que ocurrió por la noche lo contarán los griegos a su modo. Mirina fue la primera. Y luego, golpe a golpe, lanzada a lanzada, y tajo a tajo. La sangre corrió por nuestras calles, y el lamento que lanzó Troya se me hundió en los oídos; desde entonces lo oigo de día y de noche.
Christa Wolf, Casandra, 1983

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