Esa tarde soleada de primavera hicimos una barbacoa en el patio trasero de casa. Mi hijo me ayudó con las brasas y la carne. Luego, después de la sobremesa, cogimos las raquetas y el equipo de bádminton y fuimos a jugar a la playa. El atardecer en Altafulla era precioso. Era una bendición estar ahí, en ese momento. Y pensé que, en otro tiempo, me hubiera ido a la otra punta del mundo para disfrutar de buenas barbacoas y tardes de bádminton en las largas playas de Australia. Entonces me di cuenta de que no hacía falta irse tan lejos: aquí ya había todo lo que yo deseaba.
Este libro de Janosch (seudónimo del escritor e ilustrador alemán Horst Eckert) es un clásico de la literatura infantil moderna. Y toca el tema que acabo de exponer a partir de las aventuras del oso y el tigre, cuya vida cambia cuando encuentran una caja flotando en el río que lleva escrito “Panamá” y desprende olor a plátano. Fascinados por la idea de ese lugar desconocido, deciden abandonar su hogar y emprender un largo viaje para llegar al país de sus sueños. Durante el recorrido conocen a distintos animales y viven situaciones llenas de humor, ternura y compañerismo, mientras avanzan convencidos de que la felicidad se encuentra en ese destino lejano.
El tema central del cuento es la búsqueda de la felicidad y la tendencia a idealizar lugares o vidas que parecen mejores que la propia. Porque muchas veces buscamos lejos aquello que ya poseemos sin darnos cuenta. Así, redescubrimos el valor del hogar, la amistad y la capacidad de apreciar la vida cotidiana.
La caja olía maravillosamente a plátanos.
—¡Ah, Panamá! —dijo el pequeño tigre—. Panamá es el país de nuestros sueños.
Janosch, ¡Qué bonito es Panamá!, 1978

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