Más allá de la transmisión de conocimientos o competencias, la escuela es ante todo un camino de formación que permite a cada persona poder alcanzar, si quiere, una vida madura, fecunda y espiritual.
El maestro pone en valor la atención, el cuidado y la contemplación como elementos esenciales para comprender el mundo y habitarlo con sentido.
Porque la verdadera educación nace del encuentro con los demás y de la capacidad de reconocer la singularidad de cada persona. En este contexto, la idea de que el encuentro es «un alma que toca otra alma» resume la profundidad ética y espiritual que atraviesa toda la obra.
En tiempos marcados por la incertidumbre, la ansiedad y la desorientación, Esquirol ofrece una propuesta esperanzadora basada en el amor, la proximidad y el cultivo de la interioridad.
L'amenaça ve de la indiferència: és l'amenaça de la inhumanitat, de la fredor, de la insensibilitat, de la foscor, de la confusió i de tota mena de totalitarisme. (p. 9)
Educar és guiar algú per tal que, per si mateix, recorri un camí que el dugui més enllà, que l'elevi per damunt d'on és, i que li doni una força i una maduresa que d'entrada no té. Educar és ajudar que algú s'eduqui [...]. L'educador no pot recórrer el camí per l'alumne. (p. 12)
Josep Maria Esquirol, La escuela del alma, 2024

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