Poet's Abbey (Blog de lecturas)


La isla del coral

 


El escritor escocés Robert Michael Ballantyne advierte, ya en las primeras líneas, que su libro no es para lectores melancólicos, sino para lectores dispuestos a dejarse arrastrar por la diversión y el asombro. Toda una declaración de intenciones para un hombre del siglo XIX que, arruinado por la quiebra familiar, abandonó los estudios a los dieciséis años y marchó a Canadá para trabajar en la Compañía de la Bahía de Hudson, una experiencia que marcaría toda su obra.

Esta novela de aventuras, que el autor escribió a los 31 años, trata de tres adolescentes, Jack, Ralph y Peterkin, que naufragan en una isla perdida del Pacífico Sur rodeada de tiburones. Ellos deben aprender a sobrevivir entre la fascinación y el peligro de una naturaleza salvaje y virgen. Los tres forman unos arquetipos clásicos: Jack como el líder, Ralph como el soñador y Peterkin como el elemento cómico. Frente a ellos, el mundo adulto queda relegado a un continente lejano e imperfecto. Sus aventuras presentan una escuela de valores humanos, de liderazgo, camaradería, lealtad y amistad.

Resulta imposible leer esta novela sin advertir su influencia sobre la literatura posterior. Robert Louis Stevenson reconoció su deuda con Ballantyne al escribir La isla del tesoro, y dicen que J. M. Barrie construyó a su Peter Pan tomando como modelo al aventurero Ralph. 

Pero el eco más fascinante llega casi un siglo después, cuando William Golding escribe El señor de las moscas: sus personajes Ralph, Piggy y Jack son caricaturas deliberadas de los héroes originales, y Golding llegó a admitir que la novela victoriana "se pudrió hasta convertirse en abono" en su mente, un abono en el que germinó un mito completamente distinto, mucho más oscuro, sobre la naturaleza humana. Esa tensión entre el optimismo didáctico de Ballantyne y el pesimismo posterior de Golding añade una capa de lectura fascinante para quien se acerque hoy al original.

En definitiva, esta novela es aventura en estado puro y una lectura imprescindible para quien quiera descubrir el origen de muchos mitos literarios que desembocan en Stevenson, Barrie o Golding. Su ingenuidad victoriana constituye hoy uno de sus mayores atractivos: el reflejo de una época convencida de que la aventura moldeaba el carácter.


Aquella noche, apoyados en la borda contemplando el ancho mar y el firmamento estrellado, pasó por nuestro corazón un estremecimiento de alegría extrañamente mezclado con pena.


R. M. BallantyneLa isla de coral1856


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