Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Seréis como dioses

 


"El infierno es creerse en el paraíso por error", dice el epígrafe de Simone Weil que abre este libro.

A medio camino entre el ensayo filosófico y una obra de teatro de ciencia ficción, el pensador francés Gustave Thibon construye una parábola que hoy resulta incluso más inquietante que en el momento de su publicación, a mediados del siglo XX. En una época dominada por el entusiasmo tecnológico, la ingeniería genética, el transhumanismo y la promesa de una prolongación indefinida de la vida, la pregunta que articula el libro resulta de gran actualidad: ¿qué ocurriría si la ciencia consiguiera abolir la muerte?

La premisa de Thibon dialoga con una larga tradición literaria que ve la inmortalidad como condena: el Judío Errante, los struldbruggs de Swift en Los viajes de Gulliver, o el agotado protagonista de El inmortal de Borges.

En la obra, la humanidad ha vencido el envejecimiento y el sufrimiento, alcanzando una suerte de inmortalidad biológica. Sin embargo, lejos de celebrar este triunfo como la culminación del progreso humano, el autor lo convierte en un experimento filosófico destinado a revelar una paradoja. El hombre que conquista la muerte no se libera necesariamente; puede acabar perdiendo aquello que daba sentido a su existencia.

Thibon obliga al lector a preguntarse si la supresión de todos los límites no supondría también la desaparición de las condiciones que hacen posible la grandeza de lo humano. La muerte, el dolor, la fragilidad y la incertidumbre aparecen aquí no como bienes en sí mismos, sino como elementos inseparables de la búsqueda de significado. Sin ellos, la vida corre el riesgo de convertirse en una repetición indefinida, cómoda pero vacía.

El título, tomado de la tentación original del Génesis —«seréis como dioses»—, resume la tesis de que la aspiración a una autonomía absoluta termina transformándose en una forma de esclavitud. El hombre que pretende ocupar el lugar de Dios acaba encerrado en un mundo privado de trascendencia y de sentido.

Si la ciencia eliminara la muerte para siempre, ¿aceptaríamos esa condición aun sabiendo que nos impediría alcanzar la visión de Dios? Esto obliga a distinguir entre quienes consideran la fe como un medio para mejorar la existencia temporal y quienes la entienden como orientación hacia una realidad que trasciende el mundo. En este sentido, la crítica de Thibon no se dirige únicamente al secularismo, sino también a ciertas formas de cristianismo acomodado que han terminado identificando el Reino de Dios con el bienestar histórico.

Thibon plantea una alternativa demasiado radical entre inmortalidad terrenal y trascendencia, lo que simplifica la relación entre técnica y naturaleza humana. Su reflexión no contempla las posibilidades positivas del progreso ni cómo la tecnología podría coexistir con una vida espiritual auténtica.

Seréis como dioses identifica una tentación permanente de la modernidad: creer que la solución de todos los problemas materiales resolverá también el problema del sentido. 

Armanda, la joven protagonista de esta obra, encarna la rebelión contra un mundo que ha conquistado la inmortalidad científica pero ha perdido el alma. Ella conserva intacta su capacidad de incomodar: si pudiéramos vivir para siempre, ¿sabríamos todavía para qué vivir? Y, más aún, ¿seguiríamos deseando algo que estuviera más allá de nosotros mismos?


Habéis despedido a la muerte. Ella se vengó llevándose vuestras almas. Os quedan ideas, energías, sentimientos, todo lo que obedece a los rayos y a las drogas, todas las vestiduras, todos los simulacros del alma que hacen de vosotros simulacros de dioses. (p. 105)


La elección ya no es, como antaño, entre la tierra que pasa y el cielo que permanece, sino entre la verdadera y la falsa divinidad [...]. Renuncio a la inmoralidad que tengo por la eternidad que espero. (p. 112)


¡Oh! Tú que has buscado a Dios más allá de los paraísos.  (p. 142)


Gustave ThibonSeréis como dioses, 1959

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