Poet's Abbey (Blog de lecturas)


Pensadores de la nueva izquierda


En Pensadores de la nueva izquierda, Roger Scruton ofrece una crítica filosófica y política de algunos de los autores más influyentes del marxismo occidental y de la teoría crítica contemporánea. 

El filósofo británico —uno de los grandes referentes del conservadurismo europeo reciente— analiza las ideas de pensadores como Gramsci, Lukács, Sartre, Althusser, Foucault o la Escuela de Frankfurt, intentando mostrar las contradicciones internas y las consecuencias culturales de sus planteamientos. 

Más que una refutación académica neutral, el libro es una defensa de la tradición liberal-conservadora frente a corrientes intelectuales que, según Scruton, han erosionado las bases morales y culturales de Occidente.

Uno de los aspectos más interesantes del ensayo es su análisis del lenguaje y de la lucha por el significado político de las palabras. Scruton sostiene que buena parte de la nueva izquierda comprendió que el poder no se ejerce únicamente desde la economía o el Estado, sino también desde la cultura, la educación y el control simbólico del discurso público. 

En este contexto, recupera indirectamente intuiciones presentes en Orwell: quien domina el lenguaje condiciona también la manera en que una sociedad percibe la realidad. No se trata solo de censura explícita, sino de establecer qué opiniones son consideradas legítimas y cuáles quedan moralmente excluidas del espacio público.

La influencia de Antonio Gramsci aparece aquí como un punto clave. Scruton interpreta la noción de “hegemonía cultural” como el desplazamiento de la lucha revolucionaria desde la fábrica hacia las instituciones culturales: universidades, medios de comunicación, arte, educación o industria cultural. Conviene matizar, sin embargo, que Gramsci no diseñó simplemente un plan de infiltración ideológica, como a veces se caricaturiza, sino una teoría sobre cómo las sociedades modernas generan consenso y estabilidad cultural más allá de la coerción política directa. Aun así, Scruton considera que muchas corrientes posteriores asumieron la idea de que toda cultura dominante es sospechosa de opresión y debe ser deconstruida críticamente.

En su crítica de la teoría crítica y de la Escuela de Frankfurt, Scruton cuestiona especialmente la tendencia a interpretar la cultura occidental casi exclusivamente en términos de dominación. Autores como Adorno, Marcuse o Foucault habrían contribuido, según él, a consolidar una actitud intelectual de sospecha permanente hacia instituciones como la familia, la nación, la religión o la tradición liberal. Scruton reconoce el valor analítico de algunas de estas críticas, pero sostiene que a menudo desembocan en un relativismo incapaz de ofrecer fundamentos positivos estables para la convivencia social. La deconstrucción constante termina erosionando las condiciones culturales que hacen posible una comunidad política compartida.

El libro también contiene una crítica severa del marxismo entendido como sistema cerrado de interpretación. Scruton reprocha a ciertos intelectuales de izquierda haber mantenido una adhesión casi religiosa a ideas revolucionarias incluso después del fracaso histórico de muchos regímenes comunistas. Sin embargo, su mejor aportación no está en la polémica ideológica inmediata, sino en la advertencia de fondo que atraviesa toda la obra: cuando la política invade completamente la cultura, el arte, la educación y el lenguaje, el riesgo es que desaparezca el espacio común donde puede darse una búsqueda compartida de verdad. Ahí reside, probablemente, la actualidad de Scruton: no tanto en negar los problemas denunciados por la nueva izquierda, sino en recordar que una sociedad libre necesita algo más que crítica; necesita también instituciones, herencias culturales y límites morales capaces de sostenerla.


El intelectual urbano que hoy se arrodilla literalmente para denunciar el racismo o retuerce el lenguaje hasta el ridículo, se siente unido "solidariamente" con los oprimidos, en adoración a la ideología "sagrada" e incuestionable del marxismo. Es un esquema totalitario: o con nosotros o contra nosotros.



La neolengua irrumpe cuando se sustituye la finalidad principal del lenguaje, describir la realidad, por el objetivo opuesto de reafirmar nuestro poder sobre ella. 


¿Cómo puede el pensamiento transformarse, reflexionando únicamente sobre sus orígenes sociales? Si la falsa conciencia de la burguesía ha envenenado su filosofía, ¿qué ocurre con la filosofía que lo denuncia?


Una vez que consideran a alguien de derechas, se sitúa más allá de todo razonamiento: sus concepciones son irrelevantes, su reputación desacreditada y su presencia en el mundo, un error. No es contendiente con el que se puede discutir, sino una enfermedad que hay que erradicar. Esta ha sido mi propia experiencia...


...en las páginas de Adorno descubro que la auténtica alternativa al sistema capitalista es la utopía, me felicito por su honestidad porque es una forma de reconocer que no hay alternativa.


La neolengua de izquierdas es un arma poderosa, no sólo porque sirve para limpiar nuestro mundo social, sino porque describe la supuesta realidad que subyace bajo su atractiva y engañosa apariencia. 


Roger Scruton, Pensadores de la nueva izquierda, 1985

Comentarios

CK ha dicho que…
Interesantísimo. Me han dado muchas ganas de leerlo. Espero que estés bien, Breo. Un abrazo grande!